15 de marzo de 2023

DOS SOLOS CON HIELO

 

En uno de mis últimos sueños, volvía a tener treinta años y había tenido un mal día. De nuevo mi padre y yo estábamos sentados en el salón de su antigua casa del barrio de Olivares. Ya era de noche, tarde, todos dormían en la planta de arriba.  Nosotros permanecíamos sin hablar, con la televisión puesta de fondo, sin verla ni oírla realmente. Yo estaba de mal humor y cansada, muy harta de todo y de todos. Menos de mi padre que permanecía a la espera. No se iba a ir a dormir hasta que yo no soltara lo que tuviera que soltar y me fuera a descansar tranquila. A las doce y media me levanté, fui a la cocina y puse hielo en dos vasos. Los coloqué sobre la mesa frente al sofá, saqué la botella de Jack Daniel’s del mueble bar y serví la bebida generosamente para ambos. Dejé la botella, por si acaso era poco. Brindamos en silencio y dimos el primer trago. Empecé a decir lo que me reconcomía por dentro, mientras mi padre escuchaba, asentía y bebía conmigo.

          —Pero, ¿qué hago contándote todo esto? Ya estás muerto. Bastante tienes con lo tuyo.

          —Lo mío ya no tiene solución. Lo tuyo a lo mejor sí, hija.

          Suelo ser bastante consciente de que mi padre está muerto aunque esté soñando con él. Otra vez soñé que había vuelto a la vida y no veas qué jaleo fue intentar explicárselo a todo el mundo. Que no, que no podía ser, nos decían.

          —¿Cómo no va a ser? ¿No ven que estoy de cuerpo presente? —les reclamaba mi padre a los funcionarios del registro civil, que no querían certificar que estaba vivo de nuevo. No se había visto nunca una cosa semejante y no sabían cómo tenían que actuar al respecto. Lógico, si lo pensamos desde este plano de realidad. Pero allí, en mi universo onírico, mi padre estaba vivo otra vez, para nosotros era lo más normal del mundo ¡y todo eran problemas burocráticos para que se lo reconocieran! En fin… Esa mañana me reí mucho al despertar.

          Sueño que enseña a mi hija pequeña a conducir. Paso por vivencias locas, absurdas, como sólo pueden ser las cosas cuando soñamos, en las que él está a mi lado. Sueño con problemas reales que me acometen en mi día a día sobre los que me escucha y me aconseja. Nos sentamos de nuevo en el sofá a beber dos solos con hielo, igual que hacíamos cuando él vivía. A veces hasta discutimos y se saca de la manga ese tono autoritario de “yo soy tu padre, por eso tengo razón y tú no”. Me deja llevar su autobús y eso que mi padre era electricista y, que yo sepa, nunca condujo un autobús. Que pudiera ser porque estaba lleno de sorpresas. Decía que una vez probó la carne de serpiente y yo le creo. No era de mentir mi padre, “más que por verte reír”.

          Sueño con el hombre inteligente, ingenioso y divertido que era y con el que hubiera seguido siendo si ese Parkinson devastador no se lo hubiera llevado. En realidad, se lo llevó mucho antes de que falleciese porque mi padre dejó poco a poco de ser mi padre para convertirse en un vegetal. Esa fue su muerte más dolorosa.

          Sueño a menudo con mi padre desde que murió. Va a hacer cuatro años de eso, pero el paso del tiempo a él no parece importarle. Se las ha ingeniado para, a su manera, seguir presente en mi vida. Y está bien así. Es reconfortante que, de un modo u otro, siga conmigo. No lo he perdido del todo.


#historiasdepadres